Hoy hemos tenido un día muy especial. Hemos trabajado y celebrado el aniversario de la Constitución Española y también hemos conmemorado el día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Para ello, en la Iglesia, Don Manuel nos ha explicado el significado de esta festividad tan particular de la Virgen y después hemos visto en el teatro una representación preparada por los alumnos de cuarto sobre la reacción de José, cuando se enteró que María esperaba un hijo. Ha sido un relato emocionante de verdad.
También en el teatro, los mayores nos han explicado algunos de los artículos más importantes de "La Pepa" y nosotros hemos hecho una bandera de España que nos ha quedado "super mega guay". (Gracias papás y mamás por vuestra colaboración con las camisetas amarillas y rojas).
También hemos tenido un recreo especial llenos de juegos tradicionales muy divertidos.
Aquí os dejamos algunas fotos.
Blog de los PRIMEROS de Primaria del Colegio Salesiano María Auxiliadora de Algeciras
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Un cesto de castañas que no se vacia
El “milagro de las castañas” forma parte de uno de los tres sucesos que protagoniza Don Bosco a finales de 1849, un año en el que mucha gente del cinturón de Turín padece hambre. Este suceso lo contó José Buzzetti y lo confirmó por escrito Carlos Tomatis, uno de los primeros muchachos acogidos por Don Bosco:
El día de Difuntos llevó Don Bosco a todos los Muchachos del Oratorio a visitar el cementerio y rezar. Les había prometido, para la vuelta, castañas cocidas. Y había hecho comprar tres grandes sacos.
Pero Mama Margarita no había entendido bien sus deseos y no hizo cocer más que tres o cuatro kilos. José Buzzetti, el jovencísmo “ecónomo”, llegó antes que los demás a casa, vio lo sucedido y dijo:
.- Don Bosco va a quedar mal. Hay que decírselo enseguida.
Pero con el alboroto de la vuelta de la hambrienta tropa, Buzzetti no supo explicarse. Tomó en sus manos Don Bosco la pequeña cesta y empezó a repartir castañas con un gran cucharón. En medio de la barahúnda le gritaba Buzzetti:
.- ¡Así no! ¡No hay para todos!
.- Hay tres sacos en la cocina
.- ¡No! ¡Sólo esas! ¡Sólo esas!. Intentaba decirle Buzzetti... Don Bosco no quería creerle.
.- Yo les he prometido a todos. Sigamos mientras haya.
Siguió entregando un cazo a cada uno. Buzzetti miraba nervioso los pocos puñados que quedaban en el fondo del cesto, y la fila de los que se acercaban, que parecía cada vez más larga. Alguno empezó a mirar con él.
De pronto casi se hizo silencio. Centenares de ojos desencajados miraban a aquel cesto que no se vaciaba nunca… Hubo para todos. Quizás por primera vez, con las manos llenas de castañas, gritaron los muchachos aquella tarde: “¡Don Bosco es un santo!
Desde entonces cada salesiano, cada salesiana, en las familias, los oratorios y centros juveniles se recuerda el milagro: como signo de lo que Don Bosco es capaz de hacer por sus jóvenes.
Y así lo celebramos... comiendo castañas. Una vez más le dimos gracias a Dios por este Santo siempre Actual, siempre Padre, siempre Amigo.
Texto extraído de “Don Bosco, una biografía nueva” de Teresio Bosco
El día de Difuntos llevó Don Bosco a todos los Muchachos del Oratorio a visitar el cementerio y rezar. Les había prometido, para la vuelta, castañas cocidas. Y había hecho comprar tres grandes sacos.
Pero Mama Margarita no había entendido bien sus deseos y no hizo cocer más que tres o cuatro kilos. José Buzzetti, el jovencísmo “ecónomo”, llegó antes que los demás a casa, vio lo sucedido y dijo:
.- Don Bosco va a quedar mal. Hay que decírselo enseguida.
Pero con el alboroto de la vuelta de la hambrienta tropa, Buzzetti no supo explicarse. Tomó en sus manos Don Bosco la pequeña cesta y empezó a repartir castañas con un gran cucharón. En medio de la barahúnda le gritaba Buzzetti:
.- ¡Así no! ¡No hay para todos!
.- Hay tres sacos en la cocina
.- ¡No! ¡Sólo esas! ¡Sólo esas!. Intentaba decirle Buzzetti... Don Bosco no quería creerle.
.- Yo les he prometido a todos. Sigamos mientras haya.
Siguió entregando un cazo a cada uno. Buzzetti miraba nervioso los pocos puñados que quedaban en el fondo del cesto, y la fila de los que se acercaban, que parecía cada vez más larga. Alguno empezó a mirar con él.
De pronto casi se hizo silencio. Centenares de ojos desencajados miraban a aquel cesto que no se vaciaba nunca… Hubo para todos. Quizás por primera vez, con las manos llenas de castañas, gritaron los muchachos aquella tarde: “¡Don Bosco es un santo!
Desde entonces cada salesiano, cada salesiana, en las familias, los oratorios y centros juveniles se recuerda el milagro: como signo de lo que Don Bosco es capaz de hacer por sus jóvenes.
Y así lo celebramos... comiendo castañas. Una vez más le dimos gracias a Dios por este Santo siempre Actual, siempre Padre, siempre Amigo.
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